Contigo.

Contigo, sí, contigo.

Gritaré de rabia y de alegría.

Bailaré en la cocina y en la ducha.

Dormiré la siesta con el gato encima.

Susurraré tus nombres,

cocinaré y leeré libros insulsos.

Beberé café y cerveza,

cantaré sin vergüenza las canciones 

de la radio.

Bailaré sin sonrojo en las verbenas.

Descubriré rincones hermosos en lugares desconocidos

y en nuestras habitaciones de siempre.

Recordaré unos momentos 

con la sonrisa a flor de boca

y otros con la tristeza ingobernable 

que me aprieta a veces.

Me sentaré en el árbol

a mirar las nubes.

Acariciaré a siete con amor

y te miraré con deseo y ternura.

 O sin ti, sí, sin ti... (pero contigo).

Páginas de espanto.

En las malditas noches en que

sopló el levante y alborotó tu pelo,

yo estaba gritando como un niño perdido.

 

Y mis manos, que no eran mis manos, 

se bebieron todas las playas a puñados.

 

Y mis dedos, que no eran mis dedos,

acariciaron tus párpados tendidos

mientras  no me soñabas.

 

Cuando mis labios te llamaron

amor, inspiración, sorpresa,

no encontraron respuesta.

 

Así marchitaron los minutos vacíos

y las horas se volvieron 

páginas de espanto.

Sin miedo.

 Hambre atroz de tu piel,

de los besos con café, 

de reposar la mirada en

tu convulso vientre. 

 

Sed de palabras crudas

y labios calientes..

de promesas susurradas y

manos vacías.

 

Sabré que estás ahí

cuando vengan los inesperados

abrazos y tus ojos

paseen por mis ojos sin miedo.